lunes, 12 de enero de 2009

David y la persecución política

Toda nuestra solidaridad, nuestra rabia y nuestro cariño desde Castilla.
¡Si nos tocan a unx, nos tocan a todxs!


extraído de http://caminoacasa.wordpress.com/

La justicia española nunca mea sola (sobre David de Vilafranca)


Según la legislación penal española (artículos 80 y 81 del Código Penal) pueden suspenderse las penas de cárcel inferiores a dos años si la persona acusada no tiene antecedentes penales. Este “pueden” es una regla bastante extendida y teniendo en cuenta que las fuentes del Derecho son la ley, la costumbre y los principios generales del Derecho, casi podemos decir que este “pueden” es un imperativo en la práctica.

Además, los antecedentes penales de un ciudadano pueden cancelarse entre seis meses y cinco años después de la sentencia, dependiendo de la gravedad del delito (artículo 136, código penal)

Teniendo esto en cuenta, que es la ley que ellos han escrito (y no nosotros) podemos comprobar casi a diario como la justicia española no es en realidad un cuerpo escrito de derecho positivo sino una realidad práctica de aplicación estrambótica. Ahora en Cataluña están ocurriendo unos lamentables sucesos jurídicos que tienen como pobre protagonista a un chico llamado David Sánchez, de Vilafranca del Penedés.

La cosa es la siguiente. En 1998, David participó en una manifestación contraria a la celebración del 12 de Octubre. Anteriormente a esto, fue condenado por insumisión. Ahora, diez años y tres meses después, David es arrestado con un espectacular despliegue policial al salir de su trabajo y por lo visto estaba en busca y captura para cumplir su ¡pena de 1998! Una orden de busca y captura que por cierto no se le comunicó nunca. Y no es que este chico fuese un delincuente oculto, un Saddam Hussein escondido en un agujero secreto. David trabajaba, militaba políticamente y hacía su vida normal, a la luz del día y sin alevosía.

Resulta que David es un militante catalán y socialista. ¿Coincidencias extrañas? Aunque la pena que le pedían por aquellos sucesos del 98 era inferior a dos años, consideran válidos sus antecedentes penales por insumisión, que aun así, a fecha de hoy, tenían que haberse cancelado, si nos remitimos de nuevo al artículo 136.2 del Código Penal Español. Marty McFly y el doctor Emmett Brown estarán seguramente flipando por este viaje al pasado y su terrible regreso al futuro. Es decir, para considerar que tiene antecedentes penales, consideran válidos los debidos al delito de insumisión, que tenían que estar ya cancelados. Además el delito de la insumisión a día de hoy no existe, ya que no existe ya el servicio militar obligatorio y no se puede practicar. ¿Aplicar como antecedentes penales un delito que ya no existe? “Es que se le condenó en su día y…” Vamos, vamos, es como si ahora usted comete un delito de pena inferior a dos años pero como tenía antecedentes penales por haber sido militante del Partido Socialista Obrero Español en el franquismo, se lo damos por válido, así que cierre la boca y a pasar una temporada en Meco. O quizá usted en el año 1970 fue condenado por la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social debido a su homosexualidad, le piden un año de prisión a día de hoy, en 2009, por haber hurgado en el email de un conocido y hacen valer como antecedente penal para su ingreso en prisión aquellos sucesos de su juventud que a día de hoy ya no constituyen delito alguno. A estas alturas, ya puestos, podríamos aplicar delitos contra la Santa Inquisición.

Yo no quiero ser demasiado malpensado, pero es curioso que esto suceda así cuando el que está en el centro de la polémica es un destacado militante político revolucionario. ¿Persecución política? Muy probablemente haya algo de eso. Pero no nos engañemos, lo sentimos cuando nos toca de cerca, pero hay una realidad terrorífica que nos puede arruinar la vida a cualquiera en cualquier momento: el sistema judicial español es catastrófico administrativamente, en el sistema penal no es raro que jueces y fiscales actúen coordinadamente, se abusa de la prisión provisional con la consiguiente superpoblación reclusa en los centros penitenciarios y las comunicaciones son una chapuza constante, producto de la desorganización en juzgados y la ausencia total de coordinación entre distintos organismos.

Es otro de los muros que tendremos que derrumbar algún día si queremos un derecho popular, justo y razonable. De lo contrario, agárrense los pantalones, cualquier cosa de su pasado puede perderse en el cajón de algún juzgado, aparecer repentinamente en manos de algún secretario judicial aburrido una década después y darle un poco de picante a su vida. Suena excitante.

Desde esta trinchera virtual, sólo puedo mandar un abrazo a David, a sus familiares y a sus compañeros. Comprendo muy bien por lo que está pasando y no puedo más que mostrar mi sincera solidaridad.

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