lunes, 27 de octubre de 2008

Como en casa

Hay instantes en la vida que se te agarran al corazón. Pequeñas vivencias, pequeñas experiencias, imágenes que se graban, razones para seguir, razones para volver. Pequeñas cosas que tienen valor para quien les da el valor. Y para los que las viven junto a ti.

Como por ejemplo entrar a Xátiva sonando Feliu. Y recordar que fue Xátiva la que me mostró de primera mano la triste realidad y la impunidad que se vive allí. O sentir impotencia, y tener que tomar decisiones, y lo duro que es este instante porque se agolpan a la cabeza el sobreesfuerzo realizado, la ilusión destinada. Y maldecir a las nubes que arrasan con las sonrisas. Y mirar a los ojos de los compañeros, y encontrar dignidad y esperanza. Y aprender lecciones de pasión y coraje. O vernos sorprendidos por la utilización de la lengua en el país donde esta lengua es perseguida. Y detectar la necesidad que brota desde bien adentro de estar juntos. De reír juntos, de jugar juntos, de bailar juntos. De la necesidad de abrazaros, porque no se sabe muy bien qué decir. De lo difícil que a veces es organizar la rabia y el abatimiento. Pero tener el humor preciso para el "charla, 15 euros". Y la complicidad que bulle. El venir desde el norte hasta el sur para encontrarnos, para seguir construyendo proyecto. Y escuchar sonidos de violín y de poesía y de lucha, riendo muy cerca. O de cumplir 20 años resistiendo y construyendo movimiento popular. 20 años haciendo familia, y desde ahí haciendo país. Y la muixaranga, las dulzainas, y recuperar la memoria cultural y colectiva. Y por supuesto tener presente a Guillem. Ganando todas las batallas calle tras calle de benimaclet. Y entender la valentía necesaria para luchar donde cuesta el doble luchar, como pasa en mi propia casa. Y caer la noche y tener frío y calor. E ir a por la horchata de rigor, y el aplec a lo alto de la montaña, y volver a re-encontrarnos con quien hizo que nos encontráramos un día. Y preparar una multa para arrancar una carcajada. Y la horta y el mar. Y la costa que sufre a los edificios y a sus políticos de vergüenza. Valencia, a pesar de los pesares, siempre sale bien. Valencia siempre está bonita. Y Feliu no para de sonar.

3 comentarios:

txolo dijo...

De luchar donde es el doble (o quintuple) de dificil, bien lo sabemos nosotros.

Y como no vayas al Pais Valenciá cuando yo me se, ya verás la que se monta ;)

Por cierto, que te juegas a que nos tomamos unas cañas antes de quince días

txolo dijo...

Bueno, a lo mejor tiene que ser un poco más de quince días, que me he liado con el calendario, pero un poquirritín más (21?). Si es que ya no se ni sumar. Es por estar rodeado de tanto salvaje

Meri dijo...

gràcies Ire, com sempre, moltes gràcies per les teues paraules carregades d'estima...