domingo, 13 de julio de 2008

Un canto de esperanza



Los pueblos con olor a cereales. Y la gente que habla de este olor. Y le da el valor de querer olerlo cada atardecer. Y la historia que brota entre el empedrado de las calles, arriba y abajo. Y el paso a paso. Y el golpe a golpe. Y el miedo a despertar. Y los campos y nuestra tierra, la que pisamos. Y sus gentes que se aferran a ella. Y el apostar desde la dignidad de ser pueblo. De luchar, crear y construir. Reconstruir. Y los amaneceres en los trigales. Y la gente que baila en la noche sin perder la memoria entre el común. Y las certezas, las incertidumbres, las ganas. Y el arrebatarnos lo que es nuestro, y defenderlo y recuperarlo desde lo colectivo. Mientras nos niegan y nos silencian. Pero entonamos un canto de esperanza, lleno de rabia y de amor. Y el viento golpea a los encinares y los hace sonar. Y los arraigos de la existencia. Y nadie es más que nadie.

Porque común es el sol y el viento, y común ha de ser la tierra. Que vuelva común al pueblo lo que del pueblo saliera.

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